SIMILITUDES PELIGROSAS

18/Oct/2010

Editorial Comité Central Israelita del Uruguay

SIMILITUDES PELIGROSAS

EditorialSIMILITUDES PELIGROSAS
Existen similitudes asombrosas en el devenir de la Historia, que ya grandes pensadores griegos supieron expresar. Parménides sostenía que la historia siempre vuelve a repetirse y Heráclito, por el contrario, que nunca nos bañamos dos veces en el mismo río.
El caso de Irán es propicio para instalarlo en este “debate”.
La reciente visita de su presidente a Líbano, recuerda a la expansión nazi que comenzara con el Anschluss. Con este nombre se denominó la anexión de Austria por parte de Hitler en marzo de 1938.
El presidente americano Roosvelt citó a una reunión para julio en Francia, en la cual se analizaría el episodio y sus repercusiones para los judíos y demás refugiados. Participaron 32 países. Se tomarían medidas al año siguiente. El 23 de agosto de 1938, los soviéticos también despliegan “estrategias paliativas” y firman el pacto nazi –soviético, conocido como Pacto Ribbentrop- Molotov.
En el ínterin, en noviembre de 1938 se “anticipa” La noche de los Cristales. Para setiembre de 1939, Hitler ocupa Polonia, y recién entonces comenzó la Segunda Guerra Mundial.
Irán ya conquistó Siria y ahora Líbano, amordazado hace años por Hizbolla uno de las poderosas falanges iraníes, integrante del parlamento nacional. Este Irán no menos imperialista y militarizado, con ambiciones de ser potencia nuclear; y no menos judeófobo que el régimen nazi, también amenaza a voz en cuello, destruir a cada judío detrás de cada árbol y bajo cada piedra. Lo incorpora en su Carta Fundacional, su otra falange al sur, Hamas, y lo reitera en cuanto forum se presenta, su presidente Ahmadinejad. La respuesta de la Unión Europea, por parte de su Alta Representante de la UE, Catherine Ashton- que actúa en nombre de EEUU, Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania – es proponerle a Teherán reanudar las negociaciones nucleares en noviembre próximo en Viena, después de recibir «recientes indicaciones positivas» desde Teherán a reunirse con ella.
Los nazis supieron conquistar aliados en Europa, África, incluso Japón. El régimen de los Ayatolas también supo desembarcar en Latinoamérica, integrando un grupo de países tras su causa: Venezuela, Bolivia, Nicaragua y otros que en menor medida, se mantienen igualmente impasibles cuando el presidente venezolano Hugo Chávez maldijo al Estado de Israel y lo calificó de «terrorista y asesino»: «¡Maldito seas, Estado de Israel, maldito seas, terrorista y asesino; viva el pueblo palestino!»- gritó con energía desaforada y gesticulando con ambos brazos ante un público entusiasta que lo vitoreaba-.
La reacción de Brasil, potencia regional, fue interceder como mediador ante el mundo para “no acorralar” a Irán ante Occidente. También a esta postura geopolítica, se unen otros tantos países sudamericanos.
Pero hay notables diferencias con aquel período nazi.
Existe el Estado de Israel, militarmente poderoso aunque de “pequeñez molecular” comparado con el mundo musulmán, el cual supera el 20% de la población mundial. Las vivencias del pueblo judío como víctimas de la Shoá, desde su calidad de tragedia judía, no se repetirán. Incluso bajo condiciones muy complejas, Israel intenta un modelo de paz con los palestinos más moderados, que permita al menos “respirar un hálito de convivencia” entre ambos pueblos.
Lo que “el mundo” debería aprender, es que los riesgos de las similitudes son sumamente peligrosos. Ningún presidente de país alguno a lo largo y ancho de los continentes, podrá abstenerse de su responsabilidad, si prosperasen los hipotéticos  y similares trágicos resultados.
Zygmunt Bauman, notable pensador contemporáneo, propone una mirada diferente a la trágica experiencia nazi del siglo XX.
Considerando los aspectos económicos, culturales, de prejuicios antisemitas, análisis militares y demás, sostiene que la Shoá no fue un acontecimiento “singular” ni “puntual” de un único régimen alemán perverso, salvaje. Se gestó y ocurrió en nuestra sociedad moderna, integralmente racional; en una instancia híper desarrollada de nuestra civilización.
No es una “herida” de la modernidad, sino un “fruto” de la modernidad. Se puede volver a repetir.
Esta es la similitud tenebrosa que “el mundo” debe considerar:
Lo avanzado de nuestra modernidad ya en un nuevo siglo, que ha sabido incluso acumular nuevos genocidios tan recientes como cotidianos en más de un continente, y profundamente “herido” por las polaridades de pobreza- riqueza, poder globalizado- vulnerabilidad localizada, violencia también globalizada y residuos tóxicos vigentes de prejuicios y discriminaciones milenarias, no está inmunizado a las grandes amenazas de los actuales regímenes totalitarios y descarriados.